Volvian de Rosario, de visitar el monumento a la bandera. Se trabaja en el rescate.
La Ruta 9, convertida en una trampa de agua y desesperación. La furia del temporal desata el caos.
La lluvia implacable ha sembrado el terror a lo largo de la Ruta 9, transformando el asfalto en un lodazal traicionero. Evacuados luchan contra la corriente, rutas cortadas como arterias cercenadas, y vehículos convertidos en islas solitarias en medio de la tempestad despiadada. Pero la angustia se concentra en dos micros de larga distancia con destino a Retiro. Atrapados por la furia desatada durante la noche del viernes, sus pasajeros, entre los que se encuentran niños, viven horas de creciente incertidumbre y zozobra. La oscuridad, la fuerza del agua y la sensación de aislamiento se conjugan en un cóctel de nerviosismo palpable dentro de los vehículos.
Sin embargo, en medio de la adversidad, comienzan a llegar noticias alentadoras. Los equipos de rescate, sorteando las dificultades del terreno anegado, han logrado establecer contacto con los ocupantes de los micros. Se reporta que, si bien la situación es incómoda y tensa, todos se encuentran a salvo y recibiendo asistencia básica. La coordinación entre las autoridades y los servicios de emergencia se intensifica, y se espera que en las próximas horas se pueda concretar el operativo para liberar a los pasajeros y llevarlos a un lugar seguro.
La pesadilla, aunque intensa, parece vislumbrar un horizonte de alivio.











