“Rosca floja” revive en vivo y reaviva el debate social sobre Robertito Funes Ugarte, rostro de la grieta política

Durante un móvil en vivo, el cronista Robertito Funes Ugarte volvió a escuchar el insulto “rosca floja”, convertido ya en su apodo viral incluso en su ficha de Wikipedia. El episodio se inscribe en un contexto signado por la crisis social, los reclamos callejeros y una creciente politización de los medios, donde su identidad es percibida como un reflejo de los tiempos que corren.

Funes Ugarte, identificado por sectores críticos como un “producto de época” con claras simpatías ideológicas, encarna la tensión entre segmentos movilizados y el discurso mediático. El grito desde la calle, enmarcado en la escalada de protestas y polarización que anticipa un clima electoral turbio, refuerza el surgimiento de etiquetas que se viralizan y amplifican en un entorno convulsionado.

Robertito Funes Ugarte, periodista y movilero de Telefe, protagonizó un nuevo episodio incómodo durante un móvil en vivo: mientras relataba un enfrentamiento con vendedores informales, se escuchó de fondo el ya célebre grito “rosca floja”. Este apelativo no solo se viralizó en redes, sino que incluso apareció en su perfil de Wikipedia, donde figuraba como su apodo, y ya fuera corregido.

El incidente no es casual. Funes Ugarte, quien supuestamente milita una cercanía ideológica con el Gobierno actual, ha sido bautizado por críticos como un “producto de época”: un reflejo mediático de la polarización, con una postura que se asocia al mensajero tanto como al mensaje. En este sentido, el insulto callejero se convierte en una metáfora de esa brecha que crece en Argentina.

El grito —una expresión más de marginación y tensión urbana— llega en un momento de crecimiento de la conflictividad social: protestas, manifestaciones, reclamos por seguridad y justicia llegan hasta los semáforos y las veredas. Esa conflictividad se anticipa como el trasfondo de una campaña electoral donde las palabras, los símbolos y los chispazos entre actores políticos se multiplicarán.

Por otra parte, que el apodo ya esté registrado en Wikipedia añade una dimensión más simbólica: no es un simple insulto pasajero, sino un signo de pertenencia a ese circuito de confrontación donde personajes mediáticos, ideologías y reclamos sociales convergen. El cronista, atrapado entre la cámara y la calle, se convierte en emblema de una época que ya no disimula su crisis.