Wado de Pedro declaró que la libertad de Cristina será la “primera condición” para el próximo gobierno. El movimiento peronista se rearma bajo una nueva épica, mientras el modelo liberal avanza debilitando estructuras estatales.
Wado de Pedro afirmó que la “primera condición” que impondrán al próximo gobierno será liberar a Cristina Kirchner, tras la condena confirmada por la Corte Suprema en la causa Vialidad (6 años de prisión e inhabilitación) . Frente a ello, lanzó la campaña y movilización “Cristina libre”, que podría reunir miles desde Monserrat hasta Comodoro Py.
El kirchnerismo resignifica el discurso de “libertad” —emblema del liberalismo de Milei— para su causa, defendiendo a Cristina como víctima de una persecución judicial promovida por grupos económicos, medios y el macrismo.
Por otro lado, De Pedro advirtió al peronismo interno —con foco en Axel Kicillof— sobre la necesidad de unidad y humildad, señalando que este hecho marcará un “antes y después” en la historia del movimiento.
Este rearme discursivo y orgánico ocurre en contraste con la política económica liberal del Gobierno actual: un modelo que apuesta a la reducción del Estado —reformas, desregulación y recortes— pero que, según sus críticos, abre vacíos en el control institucional y alimenta la percepción de persecución política. En ese contexto, el reclamo “Cristina libre” se convierte en la punta de lanza de una estrategia para recuperar protagonismo electoral.
Al exigir la liberación de Cristina Kirchner como condición para el próximo gobierno, el kirchnerismo construye una narrativa simbólica y política que confronta directamente con el liberalismo que minimiza la intervención estatal. La consigna “Cristina libre” busca transformar una causa judicial en motor de reorganización y unidad peronista, en un escenario marcado por la debilidad institucional y la creciente fragmentación política producto de las reformas liberales.











