Mientras celebra el respaldo de la OEA al histórico reclamo argentino, el presidente Milei olvida que hace apenas tres meses defendía la autodeterminación de los isleños. ¿Estrategia o improvisación?
El 2 de abril, en una entrevista con el diario El País, Javier Milei sorprendía al declarar que “buscamos que los isleños prefieran ser argentinos”, respaldando de forma implícita el principio de autodeterminación, históricamente rechazado por la diplomacia argentina. Sin embargo, esta semana celebró con fervor la resolución unánime de la OEA que desconoce ese mismo principio y ratifica la soberanía argentina sobre las Islas.
En un giro discursivo, Milei pasó de una visión liberal y voluntarista del conflicto a un tono patriótico y confrontativo. “Las Malvinas son argentinas”, escribió ahora en redes, adjudicándose resultados concretos “frente al nacionalismo de pacotilla”.
La contradicción expone una tensión interna: entre el dogma liberal que pregona y la tradición soberana que no puede (o no se anima) a desmontar. La pregunta es si este doble discurso es parte de una estrategia geopolítica, una concesión al electorado o simplemente otra muestra de improvisación.











