El pasado miércoles, en una fría tarde geselina, se inauguró un nuevo espacio de militancia encabezado por el empleado municipal y actual precandidato, apodado “El Galgo” Galeano.
La escena, lejos de transmitir fuerza o convocatoria, mostró a un reducido grupo de apenas diez personas —contando al propio Galeano— reunidas en la vereda de un local modesto. Las sillas vacías, el abrigo del público y la falta de entusiasmo fueron el telón de fondo de un acto que pretendía marcar un nuevo inicio, pero que terminó evidenciando aislamiento.
Galeano impulsa su postulación detrás de un supuesto “vecinalismo peronista”, un artilugio que en los hechos se muestra como una estrategia para forzar su candidatura personal, aun a costa del clima de unidad que el peronismo geselino intenta construir. En un momento donde el desafío electoral demanda cohesión, madurez política y organización colectiva, la jugada aparece —incluso entre muchos militantes— como un gesto individualista, inoportuno y divisionista.
Además, el uso de consignas como “Primero Villa Gesell” o “trabajemos para tener una ciudad limpia y segura” resulta, cuanto menos, polémico. Las frases, que buscan apelar a la necesidad de gestión, sugieren solapadamente que esos objetivos no están hoy en la agenda del gobierno municipal, del cual Galeano forma parte. En lugar de una autocrítica honesta o una propuesta superadora dentro del espacio, el mensaje se presenta como una campaña crítica encubierta.
Mientras el Frente busca consolidar una estrategia común que permita afrontar el escenario complejo de cara a septiembre, este tipo de acciones no suman: desvían, fragmentan y profundizan un desgaste que solo beneficia a los adversarios.
La política geselina exige otra altura. Y la ciudadanía lo está mirando.











